El nombre de este mes, Av, significa “padre”. Este es el mes para conectarse con nuestros padres (padre y madre) y honrarlos.

“Honrar a tu padre y a tu madre…” es el quinto de los Diez Mandamientos. Los sabios enseñan que Dios ha puesto el honor de nuestros padres antes incluso de Su propio honor.

¿Por qué honrar a nuestros padres es una mitzvá tan grande? Se dan tres razones:

1. Han hecho tanto por mí…. Sin ellos no estaríamos aquí, por no mencionar el interminable esfuerzo e inversión de recursos que pusieron en mi formación.

2. Honrar a mis padres es reconocer, fortalecer y arraigar profundamente en mi conciencia la tradición judía que me heredaron, ya que esta tradición desciende y se desarrolla de generación en generación.

3. Honrar a mis padres es en esencia honrar a Dios, porque Su Luz Infinita –el poder de la procreación– se invistió en ellos cuando me concibieron. Ellos reflejan para mí la presencia del Creador Todopoderoso.

En el Zohar encontramos que “Israel, la Torá, y el Santo bendito sea Él son uno”. Las tres razones para honrar a los padres, según el orden anterior, corresponde a Israel, la Torá, y Dios, respectivamente.

La primera razón es que mis padres merecen que los honre de la misma manera que cualquier persona que me haya brindado bondad y amor. Al honrar a mis padres les expreso mi más sincero agradecimiento. Ellos representan para mí el ideal de la devoción de un alma por la otra. Y consecuentemente reflejan en mi conciencia la esencia de mi pueblo, Israel, de quien se dice, “Todo Israel son amigos”. En este sentido, honrar a mis padres es honrar a Israel, el pueblo al que pertenecen. De acuerdo con esta razón, la mitzvá de honrar a los padres es una mitzvá “entre hombre y hombre”.

La segunda razón corresponde claramente a la Torá. De acuerdo a esta, veo a mis padres como un enlace (el enlace más próximo a mí) en la cadena de la tradición de la Torá desde nuestros patriarcas, Abraham, Itzjak y Iaakov, hasta el presente. En hebreo las palabras “padre” (הורה, horé) y Torá (תורה) son afines. Un padre de familia es, pues, aquel que me entrega la Torá.

La tercera razón corresponde a Dios, quien invistió Su Luz Infinita en mis padres cuando me concibieron y todavía puede ser vista como presente en ellos. De acuerdo a esto, la mitzvá de honrar a los padres es una mitzvá “entre el hombre y Dios”. Veo a mis padres y veo la Divinidad reflejada en ellos. Y así, al honrar a mis padres en el plano físico, en cierto sentido adoro a mi Creador, mi Padre Celestial, en el plano espiritual. Sólo un alma judía es capaz de hacer esta distinción, sin caer en lo que podría ser equivalente a la idolatría, adorar a nuestros padres físicos, Dios lo prohíba. Es por eso que, según esta opinión, honrar a nuestros padres no es uno de los siete mandamientos para los hijos de Noaj otorgados a toda la humanidad, aunque sin duda es uno de los atributos más loables de cualquier ser humano. De hecho, los sabios traen el mejor ejemplo de honrar a los padres en la historia de Dama ben Natina, un no-judío (pero que al final tomó una piedra de la tumba de su padre y la erigió como un ídolo).

 

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